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¿La crisis puede verse realmente como oportunidad? ¿Un buen gerente es necesariamente un buen emprendedor? ¿Cuáles son los temores y las experiencias por las que debió pasar un matrimonio emprendedor en plena crisis del 2002? En un mundo convulsionado, parece que siempre hay oportunidades para emprender.
Siempre creí en jugar. Siempre creí que el juego era mucho más que diversión: es aprendizaje, compartir, entretener, crear. En algún momento, y vaya a saber uno por qué extraña razón, dejamos de jugar.

Pese a que la tecnología está cambiando la forma de jugar y aprender, aún existen personas que apuestan a despertar la curiosidad, el ingenio y la creatividad a partir de los juegos tradicionales.

En esta oportunidad, entrevistamos a Silvia González (SG) y Carlo Noseda (CN): marido y mujer, socios y fundadores de Ciencias para todos, un emprendimiento orientado a acercar la ciencia de manera fácil y divertida a los niños, que surgió en plena crisis financiera argentina del año 2002, cuando ellos tenían 32 años y tres hijos que alimentar.

DP: ¿Cómo surge la idea de emprender?

SG: Comenzó en el 2002, en plena crisis. Carlo trabajaba en un banco y estaba atravesando un momento de incertidumbre, mientras que yo acababa de tener mi tercer hijo y estaba de licencia en casa. Esto hizo que nos pusiéramos a pensar en alguna alternativa a lo que hasta ese momento estábamos haciendo, que pudiéramos desarrollarla en paralelo al trabajo principal.

DP: ¿Por qué se orientaron a un concepto como “Ciencia para todos”?

SG: Carlo era docente y trabajaba en el Laboratorio de las escuelas, por lo que siempre estuvo volcado al aspecto científico, práctico y educativo. Por eso, decidimos probar en ese ámbito y la primera idea que tuvimos fue la de armar el “Kit motor eléctrico”, una serie de elementos e instrucciones que les permitían a los niños armar un motor y entender cómo funcionaba.

DP: ¡Una primera idea! ¿Cómo la convirtieron en negocio?

SG: No sabíamos si iba a funcionar, era una idea que nos había surgido a nosotros, sin más información. Lo que hicimos, y de manera bastante artesanal, fue construir el kit y ponerlo en una caja modesta. Lo publicamos en MERCADOLIBRE con el fin de ver cómo iba a ser recibido por la gente, a ver si la idea era viable.

DP: ¡Qué buena idea para realizar un estudio de mercado! ¿Cómo les fue?

SG: Al primer comprador que tuvimos le entregué el producto yo misma. Aproveché para preguntarle por qué lo había elegido, qué le gustó, etc.

DP: Excelente iniciativa: relevabas los atributos que el cliente consideraba valiosos para ajustar tu concepto.

SG: ¡Sí! Y eso nos motivó a mejorar el concepto, a partir del cual lanzamos un segundo kit “Atrapa tu ADN”, nuevamente por MERCADOLIBRE, lo que nos permitió terminar de entender que había un segmento de oportunidad para la idea.

DP: ¿Cuándo podemos decir que nace “Ciencias para todos” como negocio?

SG: En 2003, cuando realizamos una pequeña inversión para desarrollar tres kits en unas cajas más bonitas, que fueron diseñadas por una diseñadora gráfica amiga. En ese momento comenzamos con unos 100 juegos, que ofrecimos en algunas jugueterías.

DP: ¿Quién es su cliente?

SG: Nuestro target se orienta a niños de 8 años en adelante, que no tienen muchas opciones de juguetes adecuados para esa etapa.

DP: ¿Quién es el comprador?

SG: En primer lugar, los padres. Ellos buscan una alternativa les permita a sus hijos pensar, crear, experimentar y salir de los juegos de video. Pero lo que vimos luego, es que los niños van a la juguetería a buscar otro kit más, lo que nos muestra que realmente les interesa el concepto. Pero requiere que los padres sean los que atraviesen la barrera de la primera compra.

DP: ¿Contra quiénes compiten?

SG: Los primeros competidores son la PlayStation, la Wii, los juegos por internet o PC. Eso es un tema cultural difícil de cambiar y con el que debemos convivir. Pero tenemos pocos competidores directos en juegos de esta categoría. Existe un competidor local que se orienta más hacia la química y algunos otros importados que compiten con mejor precio, pero menor calidad.

DP: Me comentabas que el público objetivo son niños a partir de 8 años. ¿Estos juegos no tienen un límite de edad? ¿A qué edad “pierden” naturalmente a su cliente?

SG: Cuando lanzamos, nos orientamos a niños de entre 8 y 12 años aproximadamente. Esta es una etapa en la cual no tienen juegos que los identifiquen con la necesidad de explorar, experimentar y crear. Pero luego vimos que también existía un nicho de oportunidad en otros segmentos de mayor edad y decidimos abrir una línea de juegos de ingenio para jóvenes y adultos.

DP: ¿Y cómo se comporta ese nuevo mercado respecto al original?

SG: Como el espíritu sigue siendo el mismo, lo único que debimos cambiar es el tipo de juego o motivación (conceptos como “Rompe cocos” o “Ser Rico”), lo que nos hizo ocupar otros espacios en góndolas, más adecuados para este segmento etario. Esto también nos llevó, a pedido de clientes que conocimos en eventos u otras actividades, a desarrollar juegos y actividades para docentes (kits Escolares) desde el año 2010.

DP: Parece que fue un crecimiento natural. ¿Cómo se componen hoy sus ventas?

CN: 40% corresponde a juegos de ciencias, 25% a telescopios/microscopios, 25% juegos para adultos, 5% juegos/actividades en escuelas y 5% en actividades puntuales a pedido, como eventos, regalos empresariales, etc.

DP: ¿Es negocio? Digo, ¿ambos viven de este emprendimiento?

CN: ¡Sí! Podemos decir que desde hace 4 años ya vivimos 100% de este negocio. Además de nosotros, tenemos dos empleados más. Parte de la producción la tercerizamos a talleres, entre ellas las cajas.

DP: Leí sobre el tema de las cajas y la particularidad que tienen. ¿Me lo podrías comentar?

SG: Derivamos el trabajo del armado de las cajas de todos nuestros juegos a redActivos (perteneciente a la ONG “La Usina”) que es una empresa social que realiza un servicio de comercialización y distribución de productos y servicios desarrollados por personas con discapacidad.

DP: Muy buena decisión. ¿Qué los movilizó a hacerlo?

SG: Hace 4 o 5 años conocimos a la presidenta de La Usina en un evento y nos gustó mucho lo que hacían en materia de integración. Vimos que la calidad del trabajo que hacían era muy buena, nos permitía producir con costos convenientes y además podríamos tercerizar la producción, convirtiendo en variables los costos que – de otra forma – debíamos asumir como fijos en nuestra empresa.

DP: Volviendo al inicio, ambos trabajaban como empleados en grandes empresas, tenían 32 años, en plena crisis del 2002 y 3 niños. ¿Cómo fue el proceso?

CN: Sabíamos que algo teníamos que hacer, porque yo estaba como Gerente de un Banco y ya había alcanzado mi techo. Silvia estaba en una situación similar. En la crisis
pasamos por un momento de incertidumbre, por lo que decidimos lanzar el negocio en paralelo a nuestras actividades. Podemos decir que empezó como una apuesta a riesgo, que nos resultó muy bien.

DP: ¿Y cómo fue el cambio en relación a las habilidades y capacidades que ambos tenían en sus trabajos y las que necesitaban para emprender?

CN: Repasando la situación y a la distancia, vemos que nosotros siempre nos sentimos “bichos raros” en nuestros trabajos. En mi caso, ser Gerente implicaba seguir presupuestos y cumplir determinados procesos. Yo siempre estaba buscando algo nuevo, evaluaba todo de forma diferente a la de mis colegas.

DP: Parece que siempre fuiste emprendedor, pero estabas en un entorno poco propicio para hacerlo.

CN: ¡Exacto! Y creo que tomamos la decisión en el momento oportuno.

DP: ¿Cuáles son las dos o tres cosas diferentes entre ser un Gerente de una gran empresa y dueño de la propia?

CN: Antes tenía que ir a Directorios a hablar y presentar planes. Debía seguir presupuestos, procesos. Tenía largas reuniones y el stress se generaba por hacer cosas que no me gustaban o no me sentía contento de hacer. Estaba siempre remando en contra de mi instinto.

Hoy, el stress pasa por saber si me endeudo o me arriesgo con alguna decisión, pero es un stress que asumo con felicidad. Hoy veo el negocio de manera integral, y le dedico tiempo a desarrollar nuevos juegos, conceptos, que luego veo recompensado en mejores negocios. Hoy me considero realmente exitoso, porque hago lo que me gusta, trabajo feliz, gano dinero y no tengo un tope de ingresos (ya que eso depende de nosotros). También tuve que aprender a tomar decisiones sin toda la información, a administrar mis propios recursos y adivinar cómo va a reaccionar el mercado frente a diversas variables. Antes estaba acompañado por una estructura profesional que daba más seguridad.

DP: Hagamos el supuesto de que pueden volver el tiempo atrás y encontrarse con ustedes en el año 2002. ¿Cuáles serían las frases que les gustarían dejarse escritas en un papelito?

CN: Me diría lo mismo que me dijeron unos amigos en ese momento: “Vas a ver que se va a vender”, “No tengas miedo, renunciá a tu trabajo que te va a ir bien” y “Cuidado con las estafas”-

SG: Yo me diría “No le hagas caso a los que te dicen que el negocio no va a funcionar si las cajas no tienen el color rojo” y “Hacele caso a tu intuición”.

DP: ¿Algunas palabras para los lectores que pueden estar pasando alguna situación parecida?

CN: Creo que es bueno emprender y pasar por el trabajo en relación de dependencia. Ambos te forman y complementan como profesional. Cuando uno emprende y le sale bien, le genera mucha seguridad para el futuro. Ya no teme si las cosas en algún momento van mal, ya que sabe que lo puede hacer. No esperen a jubilarse para emprender, inténtelo antes.

Palabras finales…

Mientras avanzaba la entrevista, iba apuntando conceptos interesantes. El primero: cómo es el proceso emprendedor para personas de la Generación X, quienes deben lidiar con el temor de perder la seguridad y el de apostar a algo diferente a los mandatos culturales, como el trabajo estable.

Por otra parte, sigo validando el punto común de todo emprendedor, el de generar un negocio a partir de una pasión y ver cómo – pese al stress y las barreras – logran sobreponerse a las condiciones más duras.

Son novedosas la prueba de concepto que desarrollaron por MERCADOLIBRE y la posterior encuesta a los primeros clientes, que permiten entender el por qué nos compran (no siempre por lo que nosotros creemos).

En la medida que el negocio se desarrollaba, intuitivamente o por requerimientos de los mismos clientes, iban dando pasos estratégicamente recomendados: cuando el mercado actual al que se dirigían era afectado por variables externas o tenía un techo de crecimiento, desarrollaron otros nuevos mercados (como el de adultos).

Finalmente, la enseñanza sobre emprendedores y empleados. Un empleado puede tener un techo en la organización. Un empleado, al cabo de su edad activa, se retira esperando recibir una jubilación que le permita vivir adecuadamente (algo que no siempre ocurre). Mientras que el emprendedor, si bien asume riesgos, construye su techo. Es más, una vez establecida una empresa no necesita jubilarse y, si lo hiciera, sus ingresos no necesariamente provendrán de una jubilación, sino de dividendos de un negocio
que él mismo habrá construido.

(*) Director de Consultoría y Desarrollo Emprendedor de MATERIABIZ. Especialista en gestión de proyectos, desarrollo de nuevos negocios y dirección estratégica en empresas PyMEs. Profesor de Estrategias y de Innovación en Argentina y Perú.

Aquellos que quieran contarnos sus historias como emprendedores pueden escribirnos a emprendedores@materiabiz.com. Para realizar las entrevistas, tendremos en cuenta aquellos casos que puedan proporcionar un aprendizaje para los lectores.

Especialista en Estrategias e Innovación, Fundador de INSPIRATIVA.com. Docente de MATERIABIZ Escuela de Negocios

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